España tiene una de las mejores infraestructuras digitales de Europa. El 91% de las líneas de banda ancha fija ya son de fibra óptica y la cobertura alcanza al 96% de la población. Los datos son buenos. El problema es lo que ocurre después.
La paradoja española
El DigitalES Summit celebrado el 25 de junio reunió a directivos, operadores y representantes del Gobierno para analizar el estado real de la digitalización en España. El diagnóstico fue unánime: el país parte de una posición favorable en infraestructura pero no está convirtiendo esa ventaja en productividad real ni en tecnología propia.
El debate dejó una frase que lo resume bien: no basta con ser buenos usuarios de tecnología, hay que ser capaces de crearla y de sacarle rendimiento medible.
El cuello de botella real
Los expertos señalaron tres frenos principales: falta de talento especializado, regulación compleja y dificultad para escalar proyectos más allá de la fase piloto. España gasta en I+D el 1,5% del PIB frente al 2,2% de media europea. La brecha no está en la infraestructura sino en cómo se aprovecha.
La digitalización en España ha dejado de ser una opción. El siguiente reto es medirla no por cuánta tecnología tienen las empresas sino por cuánto rendimiento sacan de ella.