Desconfía de un contacto de WhatsApp conocido. La Policía Nacional de Jaén ha avisado de un importante aumento de denuncias por estafas que no llegan de un número raro, sino de una cuenta que ya tienes guardada. ¿Confirmarías un pago si te lo pide alguien con quien ya hablas todos los días?
El truco no está en el número, está en la cuenta
La policía explica cómo funciona: alguien toma la identidad digital de una persona real —su nombre, su foto, el hilo de conversación de siempre— y desde ahí escribe a sus contactos pidiendo dinero, aprovechando que ya existe confianza. Lo más inquietante es que, en la mayoría de los casos, la víctima no pierde el acceso a su propia cuenta: convive con el impostor, que envía mensajes usando su identidad sin que salte ninguna alarma visible, ni siquiera revisando qué dispositivos tiene conectados.
Eso rompe la norma que cualquier empresa cree tener controlada. En muchas pymes la política de seguridad se queda en «no contestamos a números desconocidos», y con eso se dan por protegidos. Pero ese filtro no sirve de nada cuando el mensaje llega, en apariencia, de tu proveedor de siempre, de un socio o de alguien de tu propio equipo. El problema nunca fue reconocer a un extraño. Es dudar de alguien conocido.
El test de la coherencia, antes que el de la identidad
Cuando el remitente no da ninguna pista —el número es el de siempre, la foto también, hasta el tono del mensaje puede parecer el suyo— lo único que queda para protegerse no es preguntarse «¿es él?», sino preguntarse si lo que pide encaja. Tres preguntas bastan: ¿lo esperabas, o llega de la nada? ¿Encaja con cómo te habla normalmente esa persona, o hay algo raro en el tono? ¿Por qué la prisa, y por qué precisamente por WhatsApp y no por una llamada?
Si algo no cuadra en cualquiera de las tres, no hay que resolverlo por mensaje. Se resuelve verificando.
Lo que le cuesta a una empresa, y el reverso que casi nadie ve
La consecuencia directa es la más obvia: una transferencia hecha con prisa que no se recupera. Pero hay una segunda cara que afecta más a una empresa que a un particular. Si la cuenta suplantada es la de la empresa, la de un comercial o la de quien gestiona pagos con clientes, son esos clientes los que reciben la petición de dinero en tu nombre. La pérdida económica puede ser de otro; el golpe a la confianza en tu empresa es tuyo, y ese no se recupera con una devolución bancaria.
Qué recomienda la propia Policía
Además de vigilar el comportamiento, la Policía Nacional pide revisar lo técnico: mantener el móvil y WhatsApp actualizados, activar la verificación en dos pasos, comprobar de vez en cuando qué aparece en «Dispositivos vinculados» y no facilitar nunca un código de verificación, por SMS o QR, a nadie, sea quien sea quien lo pida. Y si ya ha pasado: avisar a los contactos por otra vía para que ignoren la petición, reportarlo a soporte de WhatsApp, guardar capturas y fechas, y denunciar.
La medida que sí depende de la empresa
Ninguna de esas comprobaciones técnicas sustituye a la norma que de verdad protege: cualquier petición de dinero, datos o códigos que llegue por mensaje se confirma por otra vía —una llamada, hablar en persona— antes de actuar, por muy conocido que parezca quien escribe y por mucha prisa que transmita. Que sea una norma de empresa, no el criterio de cada uno según le pille el día: así no depende de que la persona que reciba el mensaje esté espabilada esa mañana.
¿En tu empresa hay una norma clara para estas peticiones, o cada uno decide sobre la marcha según le parezca urgente el mensaje?



